El Lago de las ideas

El Lago de las ideas
La inspiración

jueves, 9 de marzo de 2017

El autobús del amor

El autobús del amor
The love bus


José Luis Raya Pérez

Es mucho lo que se está escribiendo y hablando acerca del dichoso autobús, al menos han conseguido “con creces” su objetivo: hacerse oír. Su aparato de promoción les ha quintuplicado sus expectativas: todas las cadenas de tv, radio, prensa y redes sociales han tratado este tema, con mayor o menor fortuna, con mayor o menor acierto/respeto/tolerancia… Y es que cuando se introducen las apreciaciones religiosas de cualquier índole se acabó el pastel o se jode la marrana. La cuestión puramente biológica y científica, que a duras penas cuatro científicos han demostrado, se convierte en una cuestión religiosa, ideológica o política. Algunos, incluso, atacan claramente este autobús porque su religión o partido así se lo dicta, sin detenerse un momento a razonar por sí mismos. Lo de hazte oír bien pudiera confundirse con una campaña de otorrinolaringología y no con otra de ginecología u urología como así parece. Y es la confusión y la ignorancia lo que genera siempre la polémica. Cuando las cosas están claras no se discuten. Hay una evidente mano “negra” que está siempre detrás de estas campañas cargadas “discretamente” de fobias y odios, siempre tendentes a la división y a la confrontación.  Ni viven ni dejan vivir.



Que esto es una cuestión religiosa se evidencia por el hecho de que la transfobia y la homofobia han sido siempre promovidas por las religiones que conocemos en occidente (judeocristiana) y oriente (islam) – no así por el budismo- cuyos últimos objetivos se han centrado básicamente en la reproducción y creación de nuevos  fieles acólitos que vayan engrosando la lista de feligreses dóciles y obedientes para que la maquinaria no se detenga y pueda auto/retro-alimentarse. Algunos desconocíamos el hecho, por ejemplo, de que en determinadas etnias (castas) hindúes estos casos de identidad de género son tratados desde diferentes ópticas, pero siempre con  naturalidad, sin necesidad de redireccionar a ningún lado. Son ellos-as los que de forma natural deben tender hacia el lugar donde puedan vivir en paz y ser felices, ya que esta es la auténtica búsqueda del ser humano: la felicidad. Máxima, por cierto, muy clara en el siglo XVIII, el siglo de las Luces y de la Razón. Y ningún Dios o Alá bajado del cielo tienen la autoridad de impedir a un individuo el derecho a ser feliz o infeliz con su propia identidad de género, entre otras cosas. Ningún “iluminado” de mente oscura y siniestra tiene el derecho de impedir este fin para retrotraernos a los siglos oscuros de la Santa Inquisición. Son los seres humanos los que a lo largo de los siglos han ido tergiversando y manipulando las enseñanzas de sus guías espirituales, y siguen de esta guisa. Muy pronto la Tierra volverá a ser plana si nadie lo impide: Léase Trumps, marxistas-leninistas, nazis, fascistas, talibanes y radicales musulmanes/ católicos entre otros. Todos ellos amparados bajo la ecuánime libertad de expresión que abanderan sólo cuando a ellos les interesa.




Las tribus nativas de América del Norte vivían en armonía con sus cinco géneros y con sus “personas de dos espíritus” antes de que las imposiciones morales cristianas de entonces llegaran con la Conquista, incluso tendían a ser venerados porque veían el mundo desde dos lados. Aceptaban que un hombre se sintiera como mujer (o viceversa) sin ningún prejuicio que los contaminara, igualmente cada cual podía amar con naturalidad a quien su propio corazón le dictara, como ocurría en la Grecia clásica. Nadie se cuestionaba estas conductas, ya que eran vistas como algo normal. George Catlin, un pintor estadounidense especializado en retratos de nativos, manifestó que esta tradición “debe ser erradicada antes de que llegue a los libros de historia”. Son evidentes los innumerables avances que la Conquista les ofreció, pero también son muchos los destrozos que les ocasionó. Pero esta no es la cuestión a tratar, sino la colonización ética y moral que un grupo de iluminados pretende inculcar en una sociedad, que lentamente va avanzando hacia la igualdad y la libertad, para torcerla y hacerla retroceder a los siglos oscuros.




Evidentemente, después volverán a atacar los enlaces matrimoniales del mismo sexo, luego combatirán las relaciones prematrimoniales, las madres solteras, el aborto en cualquiera de sus situaciones, marginarán al soltero y al homosexual y promoverán lógicamente las familias numerosas de más de seis hijos. No verán con buenos ojos el mestizaje ni la integración social. Tampoco aceptarán que los negros o musulmanes puedan acceder a puestos cualificados y la mujer será mucho mejor que retorne al hogar (de donde nunca debió salir) para cuidar con entrega y absoluta dedicación de  sus hijos y  de su marido.

      Lo más increíble de todo es que haya tanta gente  incluida en este amplio y vasto espectro: son personas normales y corrientes como usted y como yo,  que tarde o temprano serán víctimas de estos talibanes, y al mismo tiempo los admiran y defienden con docilidad, sin saber que realmente se   le está abriendo la puerta al diablo.



sábado, 4 de marzo de 2017

DOCENTES





DOCENTES



http://www.diariosur.es/opinion/201702/27/docentes-20170227003940-v.html

El célebre juez Calatayud ha visitado Málaga y por donde quiera que vaya despierta interés y expectación. Es una persona afable, cercana y campechana. Por ello cae muy bien a todo tipo de personas, sobre a todo a nosotros, los andaluces. La gente necesita muchas veces que se les dé un empujoncito y se les recuerde en ocasiones lo que resulta tan obvio, y por ello  invisible a los ojos: La educación en valores. Durante la más pura/tierna infancia se cometen muchos errores y se desarrollan lentamente durante la pre-adolescencia hasta llegar a la edad púber, en la que nos podemos encontrar con verdaderos chicos-as problemáticos que pueden ofrecer el perfil de delincuentes o criminales – Calatayud dixit-. Ha faltado la educación en deberes, que se ha obviado, frente a los derechos que han primado, incluso con su peor disfraz: los arbitrarios caprichos. Es entonces cuando los padres y madres claman y ponen el grito en el cielo y empiezan a preguntarse en qué han fallado. Es cuando sería ideal que hubiera una cámara que les mostrase una retrospectiva de aquellos primero años (tiernos e inocentes) en los que el niño o la niña apenas sabía balbucir/balbucear tres o cuatro palabras y ya se le reía sus hoscas travesuras y permitían que se impusieran sus caprichos y toleraban sus pequeñas crueldades.

   



      Llegado este momento, ese diablillo maleducado, caprichoso, tirano y agresivo entra en el instituto “asalvajado” y con la misma actitud con la que ha sido malcriado. A esos padres o madres  tan sólo les queda la esperanza de que el maestro reeduque a su hijo o hija. Y ahí deja "el marrón". Muchos de estos padres y madres se desentienden completamente porque "ya no pueden más" y se niegan a colaborar. Otros se enojan y te contestan de malos modos porque solemos pedir explicaciones o sencillamente informamos de la deplorable actitud de sus hijos-as. La mayoría de las veces asienten con vergüenza o resignación, otras se ofenden y defienden a sus propios hijos maleducados, incluso gritan y faltan el respeto (entonces recuerdas lo de  "de tal palo tal astilla"). En ocasiones, nos recuerdan que ahí estamos para educarlos  y un cúmulo de despropósitos que uno llega a la triste conclusión de que realmente se debería empezar por educar al padre o a la madre y, por el camino que vamos, no me extrañaría que, tarde o temprano, permanecieran los centros educativos abiertos para estos fines.





 Entre otras ocupaciones, los docentes tenemos que controlar las faltas de asistencia, supervisar (lógicamente) las tareas encomendadas, organizar las actividades extraescolares, controlar durante los recreos que mantengan una actitud civilizada, es decir, que no se peleen, que no griten, ni arrojen papeles ni desperdicios al suelo. También hacemos de vigilantes por si pueden traer del exterior tabaco u otras cosas peores, debemos vigilar que no deterioren el material, como pintar en las mesas o arrancar las teclas del teclado de los ordenadores o que no pinten en las paredes del aula o en las puertas, por ejemplo. Tampoco deben pintarrajear los libros de texto, debemos estar atentos al material escolar, que no  se extravíe o que entre ellos no se lo hurten, desde lápices o bolígrafos, algunos pierden su libro y se lo sustraen de la mochila al compañero. Procuramos que entre ellos no se falten el respeto (primer indicio del bullying), que se sienten correctamente o que no griten en clase. Que no se levanten sin permiso ni tampoco usen el móvil, ese móvil carísimo cuyos padres les han comprado a duras penas, algunos con la última paga del desempleo. Cuando nos encontramos el material de las aulas tics deteriorado tenemos que hacer de detectives para investigar de dónde procede el desperfecto. A veces, un servidor, preocupado por los decibelios, les enseño que no necesitan gritar para comunicarse a unos centímetros de distancia. Cuando llega el verano y el calor hay que recordarles que no asomen en clase con chanclas y bañador.  Otras veces, empleo mi tiempo en enseñarles que se llame a la puerta con discreción y no se aporree, y que después se pida permiso para entrar y que se diga "buenos días". Insistimos no sólo en el orden sino también en la puntualidad, pero esto empieza ya a convertirse en un mal menor. Hay padres o madres que no acuden a la cita del tutor y aparecen el día o la hora que les da gana y luego se quejan de que no estamos. A las ocho de la tarde, desde luego, el profesor o profesora no está allí esperando a que se dignen a aparecer. Y así un sinfín de multitareas que nos impiden desarrollar una programación con normalidad. Tampoco se atiende, como es debido, al alumno responsable y educado que puede rendir mucho más y mejorar porque nuestro tiempo es absorbido por los anteriores. A todo esto hay que añadir esa presión burocrática y asfixiante concentrada en programaciones, adaptaciones, control de ausencias en el programa Séneca, concertar citas, clasificar partes de faltas, programar actividades, preparar y corregir exámenes, reuniones didácticas varias etc. 





Si este humilde artículo cayera en las manos de este magnífico juez, le rogaría que se pase por cualquier centro de Andalucía y compruebe el lento y progresivo deterioro de la enseñanza pública que coincide con el  progresivo deterioro de nuestra sociedad. El tiempo cuenta y  no sé si aún estamos a tiempo de salvarla.




miércoles, 1 de febrero de 2017

OBRAS MAESTRAS



Obras maestras
J.L. RAYA PÉREZ



Para establecer que una obra creativa – pintura, novela, película…etc.- sea o no una obra de arte es el tiempo el que la determina, así como el hecho de considerarla como un clásico especialmente. Si bien, pudiera parecer increíble que disponiendo de tantos elementos cuantificadores y cualificados sea precisamente el paso del tiempo el que finalmente dictamine el calificativo de “maestra” para una pieza musical, cinematográfica o artística en general. Si iniciáramos un repaso básico a esto tendríamos que aludir en primer lugar a “El Quijote” - todos sabemos que fue considerada en sus inicios como una simple historia, divertida e inocente, para concluir en la obra maestra que es-. Podemos citar un amplio acopio de piezas que pasaron sin pena ni gloria y con el andar del tiempo se han convertido en clásicos indiscutibles. Muchas veces basta para que un avezado crítico destape la caja de los truenos y rescate del olvido y del ignominioso ostracismo a esa obra indispensable para entender la evolución de un género o al complejo ser humano, nada más y nada menos. Incluso obras del gran Shakespeare que en su día fueron abucheadas, hoy ya son indiscutibles. Podríamos mencionar otros grandes creadores universales como Verdi, Tchaikovsky, Goya, Van Gogh… en nuestra mente todos tenemos a algún artista que en su momento fue menospreciado incluso, y que ahora es absolutamente imprescindible. En muchas ocasiones se adelantan a su tiempo por su temática, su forma o estructura y de ahí la incomprensión antes mencionada, otras recogen y afianzan todas las características del género y lo condensan, lo replantean o lo cuestionan. En otras muchas ocasiones siguen la línea clásica con absoluta perfección y la mayoría de las veces conservan ese “no sé qué” del que nos hablaba Bécquer. Es la magia o el embrujo que se escapa a toda regla y te roza el alma. 



Si nos vamos al cine mencionemos “La noche del cazador” de Charles Laughton, en su momento totalmente infravalorada. “2001: una odisea en el espacio”, “Vértigo” de Hitchcock, “El resplandor”, que llegó a estar nominada a dos Razzies incluso, y qué decir de “Ciudadano Kane” o de la inefable “Blade Runner”,  o de aquella “Sopa de ganso” de los hermanos Marx.




Pues bien, no ha sucedido lo mismo con la maravillosa “La,la Landa” (La ciudad de las estrellas) que, pese a haber sido refrendada por público y crítica, aún hay voces discordantes/disonantes que la consideran vulgar o mediocre o que no es para tanto.

En sus méritos a destacar se encuentra el gran número inicial que pasará a la historia del cine como aquellas vertiginosas coreografías de “West Side Story”; esa indiscutible y sólida química que se destila entre sus protagonistas, tan intensa como la de Jack Lemmon y Shirley MacLaine en “El apartamento”; esa congoja sostenida de amor casi inalcanzable de Audrey Hepburn y George Peppard en “Desayuno con diamantes”; o ese pudo haber sido de “Esplendor en la hierba” entre Natalie Wood y Warren Beatty. Todo el código clásico está combinado perfectamente en “La ciudad de las estrellas”, incluso esa partida inevitable que todos conocemos pero que esperamos hasta el último segundo que no se produzca en “Casablanca”. También nos podemos encontrar con esa dulce voz de una espléndida Emma Stone, lo mismo que la increíble Julie Andrews de “Sonrisa y lágrimas”. Pues bien, todo este conglomerado es “La ciudad de las estrellas” y, aunque no puedan competir con los grandes Fred Astaire y Ginger Rogers – obviamente estos son bailarines-, la gracia y la delicadeza de sus pasos hacen que sus contoneos y sus giros sean más que plausibles. Y para solventar esta descompensación los enamorados ascienden a las estrellas donde dan rienda suelta a su amoroso baile. También nos vamos a encontrar claras remembranzas de “Medianoche en París” de Woody Allen y cómo no de “Café society” por mencionar algo más reciente. 


Los amantes del cine clásico estamos de enhorabuena por esta suprema “La,la land” pues podemos paladear esas grandes obras maestras de nuestro cine -en su momento muchas de ellas infravaloradas-. “La ciudad de las estrellas” pasará a la historia como ese musical que se funde perfectamente con su guion y sus vericuetos hasta hacerlo desaparecer prácticamente dentro de las entrañas de esa prodigiosa banda sonora, cargada de ricos matices, acordes y momentos excepcionales, compuesta por un inspiradísimo Justin Hurwitz, que nos deleitará plenamente desde sus primeras notas.

Hay que añadir, por último,  esa inusual química que desarrollan sus protagonistas: el tiempo lo confirmará. En cualquier caso esto es algo que se aprecia por el sexto sentido y que no necesita ni globos ni óscares para existir.

El gran mérito de este “La,la land” entre tantos otros, ha sido el poder de retrotraernos a ese magia del cine clásico de antaño –que ya no se hace- a pesar de que se desarrolla en la actualidad. Difícil papeleta que ha superado con nota un sobresaliente director, Damien Chazelle. Y ese sublime final que la redime de cualquier altibajo y que todos suplicamos que no se produzca. Es precisamente  lo que distingue a las grandes obras maestras: lo inefable. 
Nota: Olvide sus problemas antes de entrar.

martes, 17 de enero de 2017

REFUGIADOS












REFUGIADOS
J.L. Raya Pérez
Profesor y escritor.

La empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos, nos afirma la RAE. Sin embargo, algunos lo asimilan a/con antipatía o algo parecido. Son, en muchas ocasiones, los prejuicios y la ignorancia lo que envuelve al grave problema de los refugiados. Tan sólo hay que hacer, en primer lugar, un leve esfuerzo de imaginación y visualizar esas indignantes imágenes de Alepo que tanto estupor están produciendo – por otra parte me produce estupor que haya personas que estén tan insensibilizadas ante ello-.



El rechazo viene producido por la identificación de refugiados con delincuencia, radicalismo y problemas añadidos a una sociedad instaurada en el bienestar. Sin embargo, si pretendemos construir una Europa solidaria y progresista no podemos dar la espalda a estos seres humanos que precisamente huyen despavoridos del horror, de ese horror que tanto nos espanta a nosotros mismos. La empatía consistiría en pensar y decidir qué haríamos nosotros en su lugar. Pues, lógicamente, acudir a un lugar seguro donde puedan ayudarnos. Es simple ley de supervivencia.

Lo que se inició como las lógicas y necesarias protestas de “las primaveras árabes” contra el intransigente Assad derivó en una cruente guerra civil en la que se han establecido al mismo tiempo dos grandes bandos internacionales, uno de ellos liderado por Rusia e Irán que apoyan al presidente Assad y otro por EEUU y Arabia Saudí que sostienen a los rebeldes, pero hete aquí el extraño quid de la cuestión y es que entre esos rebeldes están los yihadistas, es decir, cuando combates al horror y éste se retuerce hasta multiplicarse por diez. Es un escenario realmente complejo, imposible de resumir en tres líneas. La opción más sensata es apoyar al régimen menos terrorífico: Uno de los comandantes de las “Brigadas Faruk” proclamaba un estado islámico moderado, sin  Al- Qaeda ni extremismos, mientras sus dos esposas, cubiertas con niqab y guantes, preparaban la comida a una decena de hombres. Y es que, disculpen ustedes, ante tanta mierda sólo te queda la opción de huir o morir.
                                                      




Si Europa pretende seguir siendo esa marca de Paz, Solidaridad y Prosperidad debe acoger a estas personas que escapan del horror, pero de una manera organizada y altruista. Los países hermanos musulmanes les dan la espalda, a saber los potentes y ricos países del Golfo Pérsico como Qatar, Emiratos Árabes, Omán, Arabia Saudí o Kuwait. La ONU debería presionar al respecto, pero de ahí proviene gran parte del petróleo mundial y a estos no hay que estornudarles: es patético el silencio, a propósito, de la diestra y siniestra, los unos por motivos económicos y los otros no sé muy bien por qué, quizás porque criticar a estos supondría la falsa idea de atacar al mismo tiempo al Islam: se funden y se confunden el cinismo con la codicia.

El último eslabón de la cadena sería el ciudadano medio que vive cómodamente en su adosado y dispone de un gran crossover de gama media, que ve Telecinco a escondidas y raja igualmente de quien ve “Sálvame” – ni tan siquiera reparan en el significado intrínseco de esta palabra para aplicarla concienzudamente a la realidad- Se preguntarán y esto a qué viene. Pues bien, éste sería el perfil de aquellas personas que se opondrían a la acogida de todos estos refugiados. Están aquellos hundidos en su propia ignorancia y por consiguiente colmados de prejuicios y miedos. Son los que identifican a los refugiados con islamismo radical. Tan sólo hay que recurrir a simples analogías para que lo entiendan: ni todos los vascos son terroristas, ni todos los hombres son maltratadores o machistas.

Aún así es comprensible que hasta cierto punto estén recelosos, pues se ha comprobado que entre todos ellos alguna oveja negra se ha colado, pero no podemos condenar a tantas y tantas personas inocentes al ostracismo por un malnacido que merece ser condenado y expulsado de Europa.

Por último, hay que respetar sus costumbres y ayudarles a integrarse y el que no esté dispuesto a hacerlo, que los hay, pues se  acompaña hasta el avión y se deporta y que desarrolle su integrismo donde pueda si es que puede, pero aquí no. Son muchos años de lucha por conseguir una tierra de libertades para que unos cuantos vengan a arruinarnos nuestro sistema. Y digo unos cuantos. No caigamos en el error de identificar esa parte con el todo, cual vil metonimia.

                                                  


La convivencia pacífica y solidaria nos compete a todos. Es un esfuerzo común que debemos hacer para que Europa pueda seguir enarbolando la bandera de la paz y de la integración. También podemos considerar, por último, y para los más reticentes, como los habitantes que nos faltan para seguir manteniendo nuestras futuras pensiones, que tantos quebraderos de cabeza están produciendo a ese español medio y no tan medio. Entre tanto, se mueren de frío, de hambre y de pena en esos desolados y atestados campos proscritos de refugiados. 

lunes, 9 de enero de 2017

El eje valleinclanesco

EL EJE VALLEINCANESCO
José Luis Raya


 
Las redes sociales  toman el pulso al estado anímico de la sociedad, son un fiel reflejo del sentir o penar de los ciudadanos, por ello sería recomendable para todos aquellos que deseen seguir la línea de este sentir social agruparse en las distintas tribus que se erigen como salvadoras de nuestra sociedad y de nuestro país. Efectivamente, el término “tribu” responde a ese estado gregario primitivo en el que todos, unidos y atrapados bajo un mismo afecto, muestran cierto desafecto y puede convertirse esto en una cuestión de felonía, pues se castiga, como en los tiempos primitivos, a quien piense y sienta de manera diferente. La consolidación de esas tribus cibernéticas se sustenta en la aversión manifiesta hacia los componentes de las otras, que son siempre oponentes o enemigos natos.
La pluralidad, taxativamente hablando, sólo es manifiesta en el círculo que te rodea y te delimita, extrapolarse o indagar en otros territorios ajenos al tuyo puede ser tachado, como mínimo, de incongruencia. No es posible discurrir ni reflexionar encircunscripción supuestamente enemiga porque eso ya empieza a cuestionarse y se aprecia como tendencioso. Mantener una posición idéntica hasta el final de los tiempos suele verse no tanto como un síntoma de lealtad como de notoria consecuencia. Es entonces cuando uno empieza a coquetear verdaderamente con el radicalismo, justo cuando te mantienes firme hasta que el barco se ha hundido.
 
 

Son ingentes los ejemplos de ilustrísimos intelectuales que mantuvieron sus tendencias inamovibles y se exponen en las doctas hemerotecas como ecuánimes modelos a seguir, sin embargo, si se indaga un poco comprobamos que todos los verdaderos sabios que España ha producido en el campo de la filosofía y de la creación literaria han virado de un lugar a otro según el discurrir del temperamento social y personal, pues han entendido (sabiamente) que las ideas – como producto de la evolución histórico-social- han ido evolucionando igualmente. Sostener las mismas actitudes o posturas ad aeternum, no sólo es antinatural y antisocial, por la evolución implícita que cualquier sociedad manifiesta, sino que puede resultar también sumamente arriesgada por la negatividad con la que la sociedad puede recibirla, puesto que no están en sintonía con esta. Es preciso adaptarse a los tiempos, puesto que estos no se adaptan a nosotros. La historia como tal, no la forja un solo grupo, sino, como elucubraba Unamuno, la va configurando la suma de todos sus individuos como átomos indisolubles y pensantes, si bien un solo individuo, a veces, puede transformar y radicalizar el devenir de todo un país, precisamente porque por sí solo puede crear una “tribu” a su imagen y semejanza y es cuando empieza lo verdaderamente peligroso. Por ello es preciso que se construyan individuos individuales, valga la redundancia y sin redundancia, pues también hay individuos gregarios bien aleccionados en ambos extremos de la ideología, incapaces de pensar, sentir y reflexionar por sí mismos. Son los acólitosamaestrados, dóciles y obedientes que todo partido necesita o sistema para seguir subsistiendo.Son diversos/múltiples los casos de evolución – o involución según el lugar donde supuestamente te encuentres- de célebres intelectuales cuya inclinación ideológica se ha visto alterada porque las circunstancias sociales o personales también se han alterado. Por lo tanto, lo congruente es adaptarse a ese deambular político-social y no mantenerse firme en creencias o tendencias que ya han sido claramente superadas o, incluso, denostadas. Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Maeztu son tan sólo un florilegio de grandes pensadores que en algún momento de sus vidas han considerado que su posición ha de mutar por diferentes razones.


Las supuestas  “derecha e izquierda” se presentaban como algo mucho más moldeable y no se usaban como arma arrojadiza sino como una postura ideológica entendible y en algunos casos complementaria. Las palabras, que bien podrían pertenecer a Dalí, de Valle-Inclán “yo soy monárquico y conservador por estética” para luego convertirse en una suerte de acólito podemita es un clarificador viraje de una postura a otra radicalmente distinta. Pues bien, ¿qué ocurrió en el entorno valleinclanesco para que se pasara del claro al oscuro, o viceversa? Se le sigue tildando de incongruente – ideológicamente hablando- pues se movió y conmovió con posturas altamente antagónicas (aparentemente) como el marxismo-leninismo o el fascismo de Moussolini, empero esa es la apariencia como digo, pues ambas tendencias se sustentan en el populismo que mueve al pueblo hacia lo visceral. Él no abandonó nunca la fuente que le dio de mamar: el carlismo. Fue seducido, como el mismo pueblo, con postulados de lo más denigrantes, precisamente por ello y a pesar de ello, podamos leer y releer obras cumbres de nuestra literatura como “Luces de Bohemia” o “Tirano Banderas”. Es posible que ese eje valleinclanesco tan voluble tan sólo sirviera para engrandecer esas obras tan magnánimas. Leamos y aprendamos de nuestros errores.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Y TÚ MÁS


http://www.diariosur.es/opinion/201612/27/-20161227003918-v.html



Y tú más
José Luis Raya Pérez



No sé si pertenece al carácter mediterráneo, latino, ibérico o hispano, pero este enfrentamiento constante que la sociedad española mantiene – alimentado por la clase política- empieza a resultar ya insostenible y en muchos casos intolerable.



Hay situaciones o consideraciones que se escapan a los posicionamientos políticos y que transcienden cualquier ámbito, excepto el ético y moral. Hay una serie de clichés que encajan metódicamente en cualquier partido como una pieza del puzle, y, como alguien intente moverse, en la foto no sale. La libertad de acción y movimientos suele castigarse en el panorama político, incluso por esos electores que se dejan manipular como inertes e inermes marionetas de un valleinclanesco guiñol. Esto de la cohesión academicista y epistemológica en el pensamiento y en la actuación de cada uno de nuestros políticos ya resulta irritante, pues vemos cómo son esclavos de sus ideologías y de los posicionamientos que dicta el partido, ese GH omnipresente y omnívoro que los dirige e inspecciona. Ser consecuente hasta el último segundo ya hemos visto que se paga caro. Se premió la volubilidad porque interesaba supuestamente para el bien común, que de eso se trata. Sin embargo, otros dictados del mismo diámetro pueden inducir a la apostasía. Es el cinismo y la era del “y tú más” lo que está redefiniendo esta etapa pueril e insensata de nuestra política y de nuestra sociedad, cada vez más farisea.



Para vivir en armonía es preciso regirse – no reírse- por normas y leyes. Que este concepto básico se le enseñe a un niño es lo normal, pero que se le deba recordar constantemente a un político o a un adulto maduro – hay adultos que son como críos- es lo anormal. Deberíamos ya de saber que la democracia es el sistema menos malo que existe cuyo defecto es que te tienes que aguantar si tu tendencia no coincide con la de la mayoría. Ahora bien, te queda lógicamente el derecho al pataleo, a la indignación y al rechazo. No obstante, esa armonía se rompe cuando no se le pone límites y las lindes vienen delimitadas arbitrariamente por consideraciones individuales. Hay que moverse, sí, pero respetando al que tienes al lado, sin inmiscuirte ni controlar su espacio vital porque ya se entra en conflicto. La libertad de expresión es absolutamente necesaria en una sociedad avanzada y moderna. Esta obviedad ningún occidental la cuestiona. Pero estamos asistiendo diariamente a la agresión individual o colectiva de grupúsculos, amparándose aquellos por su ilimitada libertad de expresión, que llega a convenirse/convertirse en mazazo duro y sangriento. Es intolerable que al mismo tiempo se critique las deleznables posiciones extremistas de un extremo (valga la redundancia) y se sonría y aplauda las mordaces manifestaciones del otro. No olvidemos que el silencio – no me refiero a la expresión “minuto de silencio”- es una manera velada de asentimiento.




Pues bien, esta tesitura cíclica y repetitiva se viene manteniendo de manera soterrada desde el 36, lo cual llevó a una sangrienta guerra civil entre compatriotas, como todos sabemos, y aunque la sangre no llegue (o no está legando) al río, el clima de guerra fría que se vive puede ser claramente insostenible y se puede llegar a una interrupción del ritmo cardíaco y a alguien se le puede ir la vida en ello. Como hemos presenciado, hay personas que defienden la vida en según qué casos y según a qué personas, por lo que el cinismo puede llegar a ser tan insultante como jactante – ya se recogerá el palabro-. Ese cinismo no sólo se viste de perroflauta – también se recogerá- sino también de Prada. No hay nada más depravado que predicar con el ejemplo y hacer lo contrario, o arrojar la piedra y esconder la mano. Y luego viene el pueril “y tú más” que los profesores observamos en nuestros alumnos, pero en estos es algo propio de la edad y la inmadurez consustancial a la misma.

Las redes sociales (y antisociales) es un lugar donde se puede tomar el pulso, no tanto a la clase política como a la social. A poco que uno se desenvuelva y se trate con todo el mundo, independientemente de sus creencias o tendencias de todo tipo, comprobamos que la mayoría se encuentra muy politizada – hay quien no sale de ese círculo e inundan a diario las redes de propaganda política – muchas veces hiper dirigida- . Pocos se desenvuelven con algún criterio personalizado o argumentado, se lanzan los mismos trastos que los políticos y juegan permanentemente al “y tú más” como argumento más recurrente, y, como hemos visto, pueril.



Los ciudadanos y habitantes de este país, que se denomina España y que unos ni lo mencionan y los otros ni lo sueltan, siguen esclavos de sus ideologías sin intervenir en casos particulares. Se mueven de manera esquemática y rígida, sin consentir un leve atisbo de esa pluralidad que tanto reclaman, a no ser que se vista con sus mismos ropajes decadentes, atrasados o de élite.





domingo, 4 de diciembre de 2016

Fernando Trueba "el Truebador"

  EL TRUEBADOR
José L. Raya

http://www.diariosur.es/opinion/201612/01/truebador-20161201013038-v.html


No voy a ser el que censure al señor Trueba por no sentirse español, porque ese es un sentimiento que se tiene  o no se tiene, y él no va a ser culpable de carecer de ese don. No olvidemos que nos regaló un Oscar, entre otros premios, y que se acordó de Billy Wilder como un dios. Hubiera quedado mucho más elegante si hubiera añadido que se considera un ciudadano del mundo, probablemente nadie le hubiera replicado, ya que el nacionalismo se cura viajando e intercambiando sensibilidades y cultura, sobre todo el nacionalismo rancio,  obsoleto y decimonónico, que tan bien saben esgrimir los catalanes o los americanos por ejemplo. Lo que ya resulta insostenible, argumentalmente hablando, es que denoste de su condición de español para abrazar otra nacionalidad, súper centralista, por cierto, al considerar que en la Guerra de la Independencia hubiese ido con el enemigo, es decir, Francia. Es incongruente rechazar un nacionalismo para abrazar otro mucho más incisivo y patriótico. No termino de concebir esta idea. Si bien, pudiera referirse a aquella idea dieciochesca de los afrancesados, como sociedad puntera, moderna y racional, frente a la España provinciana, atrasada y asilvestrada de entonces. Pero de esto hace ya más de dos siglos. Ya no hay parangón en este sentido. Ya ha pasado la época en la que los españoles arrastrábamos ese sentimiento de inferioridad ante el país galo. Ahora son ellos los que se molestan ante el tuteo y la irreverencia. Nos quieren seguir teniendo a su merced. Con La Gran Bretaña ya tienen suficiente.
 

Hay que ir superando esos sentimientos españolistas que no llevan a ningún lado, salvo al conflicto y al enfrentamiento. Es preciso ir arrinconando ese sentimiento, arcaico y primitivo, y no dejarnos llevar por la visceralidad o la vehemencia. En ese nacionalismo de rancio abolengo introduzco a ese catalanismo tribal y decadente que busca no tanto independizarse como crear malestar y enfrentamientos sociales, sobre todo abomino de ese afán imperialista tan dañino como salvaje, buscando anexionarse otros territorios de habla catalana, una suerte de demencial cruzada medieval.


La extrema izquierda rehúsa de ese bello eslogan: “la unión hace la fuerza”. Es precisamente ahora cuando debemos unir y sumar fuerzas y no restarlas – Hay un interesante grupo político que persigue la unión de España y Portugal-. No se puede solventar tantos reinos de taifas, de los que, por cierto, Francia carece. Seguramente es uno de los países más centralizados del mundo. No sé si por esto lo preferirá el señor Trueba, al que mejor tildarlo como Truebador. Eran los trovadores los que, desde la Edad Media, divertían y entretenían al público, especialmente en la corte. Este hombre se dedica a entretener. Sus contundentes y polémicas afirmaciones a mí me divirtieron, pues las aprecié cargadas de incongruencias como hemos visto anteriormente,  aquello fue como una pataleta de un adolescente rebelde de  trece años. Sobre todo cuando no vino al caso, ni nadie le preguntó al respecto. Lo aprecié, efectivamente, como un trovador/Truebador ridículo y patético que buscaba ser el centro de atención y sobre todo crear polémica, quizás como estrategia de marketing, sin embargo me temo que el tiro le ha salido por la culata, como suele decirse.
En cualquier caso, me sorprende, sea cuales fueran sus intenciones, que haya gente aún que se siga rasgando las vestiduras y que se comporten como esos nacionalistas retrógrados y viscerales que andan insultando a todo el mundo que no comulgue con ellos.


Lo que ya resulta complicado es renunciar a un estado nacional para cederles terrón a otro tan visceral o más que el anterior. Sobre todo cuando estos últimos sentimientos se han ido amasando, bajo la connivencia del estado central, durante décadas, desde las aulas e incluso los púlpitos.
Si consideramos sus ansias imperialistas, manifiestas y patentes, no entiendo cómo no entienden que el país que los abarca esté  dispuesto a renunciar a un territorio que le pertenece desde hace siglos y siglos – Uso la ideología que ellos mismos usarían-.
La tesis del no-enfrentamiento y la concordia territorial tal y cómo la han firmado Bélgica y Holanda al respecto, o como se mantiene en Canadá, Bélgica o Reino Unido, aquí no se mantiene, no ya porque la Santa Constitución lo impida sino porque hay que usar sus propias cartas en este sentido y en este juego absurdo, cuyas bases ya empezaron a fraguarse hace décadas, tanto por la izquierda como por la derecha. Ahora no saben cómo detener a ese monstruo que se ha ido creando y que no saben cómo detenerlo. De momento sólo les queda la ley, ya que el pueblo de allende se encuentra bastante adiestrado o domesticado, tanto como el cubano a  lo largo de interminables décadas.
Deje su indignación a un lado porque alguien no piense o sienta como usted y demuestre su amor a su país de una manera solidaria, sana, equilibrada y decente, sin corruptelas ni aspavientos.
Hay muchos españolísimos que proclaman su patriotismo a gritos y luego roban a espuertas.
Ya está bien de tanta y tanta hipocresía.